viernes, 27 de mayo de 2011

MIDNIGHT IN PARIS (2011)

Es cierto que, después de ver las últimas películas de Woody Allen, el espectador salía del cine con sensación de premura. Parecía que el director había rodado con urgencia, con el alocado apremio de un cineasta que quiere acabar una obra para empezar otra. Entre estas últimas entregas había películas más o menos acertadas, pero ninguna a la altura de su mejor cine.  Y lo que no nos esperábamos, o al menos no lo hacía la que suscribe, era volver a encontrarnos con el auténtico Allen.  “Midnight in Paris” es la prueba de que nos equivocábamos. Esta última creación es una nueva genialidad del director norteamericano, lo que nos demuestra que su talento no nos ha abandonado.

La cuadragésima segunda película de Woody Allen es una comedia romántica ambientada en París. La ciudad de la luz, admirablemente retratada, es el escenario por el que pasea Gil, un escritor estadounidense que se busca a sí mismo. Encarnado por un Owen Wilson alto, rubio y guapo que, a pesar de contar con características físicas diametralmente opuestas a las de Woody Allen,  interpreta a la perfección su alter ego (personalidad con la que, definitivamente, espera encontrarse todo espectador que va a ver su cine), Gil es un personaje de una humanidad insolente lleno de filias y fobias, mitómano, ebrio de cultura y alarmado por el mundo que le rodea. Muchos actores se suman al elenco en un teatrillo lleno de sorpresas (Carla Bruni, Adrian Brody, Marion Cotillard, Kurt Fuller, Kathy Bates, Rachel Mcadams, Michael Sheen…), todos ellos muy apropiados en este universo caricaturesco. El ambiente que recrea Woody Allen con ayuda de la directora de arte, Anne Seibel, la figurinista española Sonia Grande y el director de fotografía, Darius Khondji, es deslumbrante.
Trenzada por diálogos muy ingeniosos compuestos por una sucesión inagotable  de chistes hilarantes, la película es una obra deliciosa que reflexiona con muchísimo sentido del humor y no poca trascendencia sobre la naturaleza del ser humano y sus contradicciones. La idea de que cualquier tiempo pasado fue mejor es una trampa permanente para muchos de nosotros, convencidos erróneamente de que el sol siempre brilla en otra parte. La cinta inauguró el festival de Cannes y Thierry Frémaux, delegado general del festival, declaró que la película es una “maravillosa carta de amor a París, afincada en el apego de los franceses a la historia, el arte y el placer de la vida”. Habría que añadir además que “Midnight in Paris” contiene el ritmo y la calidad de las mejores obras de Woody Allen. 

Y solo una cosa más: no olviden que, por muy abracadabrante que pueda parecer una situación, siempre tendrá cabida en una mente surrealista.

miércoles, 18 de mayo de 2011

WINTER'S BONE (2010)

En “Winter’s bone” reina la sobriedad. La frialdad y la austeridad de las imágenes y de los personajes son la clave de una película que se olvida absolutamente del artificio para adentrarse en la verdad del cine independiente. Retratando el Missouri profundo de la meseta de Ozark, esta obra nos describe una Norteamérica desconocida para la mayoría de los europeos.

La directora Debra Granik se basa, para su segundo largometraje y junto a su co- guionista Anne Rosellini, en la novela homónima de Daniel Woodrell, maestro del country noir. Granik llega hasta las entrañas de sus personajes, una comunidad de hillbillies (como se denomina a los habitantes de lugares remotos, zonas rurales o montañosas) bastante marginal y deshumanizada. El retrato de una de estas comunidades, en la que las metanfetaminas causan estragos y los adolescentes corren a alistarse en el ejército para dar de comer a sus familias, es de un realismo social aterrador. Los niños disparan y destripan ardillas para comérselas, enfrentados desde muy pequeños a una vida de adultos con el fin de sobrevivir.

La protagonista Jennifer Lawrence interpreta a Ree Dolly, un personaje magnífico de una madurez y una fortaleza pavorosas. Es imposible exigirle mayor credibilidad a esta joven actriz que emana una autenticidad escalofriante en cada una de las secuencias de la película. Ree es una adolescente a quien las circunstancias de la vida conducen a tener que sacar adelante a sus dos hermanos pequeños y a su madre (esta última  en estado prácticamente catatónico). Hija de un fabricante de drogas, se ve enfrentada al problema de que su padre ha desparecido y si no acude al juzgado (está en libertad condicional) la familia perderá su casa. Para Ree encontrarle se convierte en una cuestión de vida o muerte, y la búsqueda se transformará en una odisea cuajada de múltiples y terribles pruebas a lo largo de la que viajará sola. Luchará hasta la extenuación,  rodeada de adultos desalmados para quienes su edad no será en ningún momento motivo de compasión.

Este drama con tintes negros, que está prodigiosamente fotografiado por Michael McDonough, recibió el gran premio del jurado y el premio al mejor guión en el festival de Sundance (huelga decir que se trata de premios fundamentales para una película independiente). Llegó incluso a la carrera de los Óscars con cuatro nominaciones aunque, como predijo el crítico cinematográfico Javier Ocaña, no recibió ninguno. Y es que, según sus propias palabras, “(Winter’s bone) simplemente no es una historia para mayorías, tiene hueso”. Y desde luego que lo tiene.

martes, 10 de mayo de 2011

NO TENGAS MIEDO (2011)

Dijo la actriz española Charo López en el programa de televisión “Versión española” que hay muchas maneras de hablar de un tema tan truculento como el de los abusos sexuales, y que el resultado puede ser escabroso o espiritual. Desde su punto de vista, “No tengas miedo” es una película espiritual, y yo no he encontrado mejores palabras para definir el último largometraje de Montxo Armendáriz. El director navarro solo necesita de silencios y miradas para sumergirnos en la realidad de un auténtico infierno ignorado por la mayoría de la sociedad, a veces por verdadero desconocimiento, otras por pura comodidad.
Silvia es una joven víctima de abusos que sufre desde muy pequeña. Con la vida destrozada, enferma de humillación y de terribles sentimientos adversos, pide ayuda a gritos a través de sus infinitos síntomas. Pero nadie acude a socorrerla durante años. La joven actriz Michelle Jenner encarna este personaje, dificilísimo, y lo hace con mucha sencillez, con lo arduo que parece lo sencillo en un caso tan complejo. Conmueve al espectador en su lucha por sobrevivir, vagabundeando por las calles con su violonchelo colgado al hombro, con la música como único aliento. Perdida, invadida por la angustia y la tristeza, huye hasta donde puede del horror que reina en su vida.
Con lenguaje sobrio pero inflexible, con secuencias en clave de documental conciliadas con recursos aterradores y mecanismos intimistas, Montxo Armendáriz emplea todas las herramientas necesarias para angustiar al espectador y conducirle hasta la desazón. Pero esta desazón es necesaria para acompañar a Silvia en su sufrimiento y para despertar conciencias. Y el realizador sabe emplearla con elegancia y reflexión transformándola paulatinamente y con mucha delicadeza en esperanza, una esperanza que confía en poder transmitir a todos los que viven o han vivido hundidos en este injusto castigo.

lunes, 2 de mayo de 2011

SIGUEME EL ROLLO ("Just go with it", 2011)

Debido a la avalancha de comedias románticas norteamericanas que han llegado a nuestros cines en las últimas décadas con los mismos recursos argumentales y a veces, incluso, con los mismos actores, este es un género muy castigado recientemente por la cinefilia. Sin duda se trata de películas excesivamente previsibles y,  la mayoría, con poca intención artística. Pero a veces lo previsible se desarrolla con ingenio y la poca intención artística se diluye entre la agilidad de los diálogos y las acertadas interpretaciones de los actores. Y este es el caso de “Sígueme el rollo”.
Basada en la obra teatral escrita por Pierre Barillet y Jean- Pierre Grédy  en 1963, “Fleur de cactus”, en la que una enfermera invisible para el médico con el que trabaja florece inesperadamente de su bata como lo hace la flor del cactus, “Sígueme el rollo” ha sido adaptada al cine en esta ocasión por los guionistas Allan Loeb y Timothy Dowling . A pesar de las transformaciones del argumento en sus múltiples versiones (desde su adaptación en Broadway por Abe Burrows hasta la película dirigida por Gene Saks en 1969, pasando entre otras por la obra teatral dirigida y protagonizada en España por Alberto Closas y Julia Gutiérrez Caba en 1966) y de la degeneración que ha sufrido en esta última adaptación en pro a la introducción de elementos propios de la cultura actual, lo cierto es que “Sigueme el rollo” es una comedia muy divertida en la que la frescura salpica y engancha.  Ristras de mentiras y malentendidos de los que se ríen los propios protagonistas, Jennifer Aniston y Adam Sandler, cómplices de principio a fin, trenzan una película llena de sentido del humor que arremete contra la cirugía estética, los divorcios, el culto al cuerpo… todo ello aderezado por bromas escatológicas y sexuales de lo más pueril pero integradas con mucha gracia. En la película Jennifer Aniston llena la pantalla irradiando naturalidad con una gran vis cómica, y comiéndose, a sus más de cuarenta años, todo lo que aparece a su lado (por muy espectacular que sea la competencia) y  Adam Sandler, siguiendo su línea y sin aportar grandes novedades, construye sin embargo, si no un personaje entrañable, sí un personaje simpático. A la empatía que se genera entre ambos le acompañan unos niños con mucho desparpajo y un físico muy pintoresco, una estupenda Brooklyn Decker que alegra la vista a quién sea susceptible de ello, una Nicole Kidman que sorprende positivamente en su pequeño papel de mujer ridícula y unos cuantos personajes esperpénticos bastante graciosos.
“Sigueme el rollo” no es una gran película, pero sí una comedia acertada en la que los diálogos y las interpretaciones de los actores, bajo la dirección de Denis Dugan, forman un conjunto  muy divertido que invita al espectador a seguir el rollo.

martes, 19 de abril de 2011

NATURALEZA MUERTA (“Sanxia haoren”, 2006)

La obsesión del director chino Jia Zhang- Ke por las recientes transformaciones que está sufriendo su país es el leitmotiv de toda su obra, y su película “Naturaleza muerta” no es una excepción. El realizador lucha por alejarse del cine de propaganda  para poder retratar la realidad de una China que se divide entre un pasado que se desmorona y un futuro que no termina de llegar.
Localizada en  Fengjie, una aldea que desapareció bajo las aguas tras la construcción de la presa de las Tres Gargantas, la historia relata la vida de dos personajes, un hombre y una mujer, que buscan a sus respectivos cónyuges desaparecidos hace años. Yendo de lo individual a lo global, la película refleja una sociedad engullida por los cambios provocados por las reformas económicas, cambios que no está preparada para asumir. Con  ritmo de fluir de la vida y plasticidad de documental, Jia Zhang- Ke describe un mundo que se derrumba alrededor de seres frágiles y desamparados forzados a caminar hacia una modernidad de la que lo único que conocen es el desconcierto. Drama sereno de una belleza infinita, nos hace testigos de vidas sin atisbo de felicidad cuyo único objetivo es recorrer un tortuoso camino para sobrevivir, concepto casi olvidado en la mayoría de las sociedades occidentales.
Galardonada con el león de oro de la Mostra de Venecia de 2006, “Naturaleza muerta” incluye entre sus imágenes elementos fantásticos que pretenden subrayar, según dice el propio director, la irrealidad en la que parece inmersa China, con sus paisajes desoladores y sus constantes demoliciones. Este realizador de la sexta generación de directores chinos desarrolla un trabajo independiente en un marco imposible y cuenta con varias películas prohibidas por las autoridades  y otras distribuidas restringidamente. Naturaleza muerta” fue la única película  suya que llegó a los circuitos comerciales españoles, ninguna otra ha llegado a nuestras pantallas. Todo esto no ha impedido, sin embargo, a Jia Zhang- Ke contar con una obra cinematográfica brillante.

miércoles, 13 de abril de 2011

LA MITAD DE ÓSCAR (2010)

“La mitad de Óscar” es la historia de un hombre roto por dentro. Roto por la ausencia, por la soledad, por el recuerdo. Roto porque le falta su otra mitad: su hermana María. Y eso le lleva a  refugiarse en la rutina diaria y en el silencio de una Almería desoladora en la que solo se escuchan el viento, el mar y las extractoras de sal.
Óscar es un personaje muy humano que esconde una gran complejidad. Muy bien definido, camina solo por un mundo casi desértico sin apenas hablar y con un gran peso sobre sus espaldas. Encarnado por Rodrigo Saenz de Heredia que llena el personaje de infinitos matices en una interpretación muy ardua, Óscar es un personaje cercano pero lejano, conmovedor y aterrador. Es protagonista de una historia escrita concienzudamente por Manuel Martín Cuenca y Alejandro Hernández, una historia llena de tristeza, frustración, sentimientos contenidos y dolor.
La película se desarrolla a partir de un elenco de actores acertadísimo que interpreta a la perfección personajes construidos muy minuciosamente. Todos parecen avanzar libremente, siguiendo sus propios pasos, lo que les lleva a componer una película muy bien resuelta y maravillosamente fotografiada por Rafael de la Uz.
Escaparate de un lenguaje muy elaborado, “La mitad de Óscar” es, sin duda alguna, y tras “La flaqueza del bolchevique” y “Malas temporadas”, la película de ficción más personal y redonda de Manuel Martín Cuenca. El director encuentra la madurez de su estilo narrativo casi en silencio, sin música, transmitiendo de modo muy profundo y poético lo que vive en el alma de sus personajes.

martes, 5 de abril de 2011

MISTERIOS DE LISBOA ("Mysteries of Lisbon", 2010)

Raoul Ruiz no es un cineasta cualquiera. Nacido en Chile en 1941 y considerado uno de los mejores cineastas latinoamericanos de la historia, se trasladó a Francia en 1974 donde se convirtió en una gran figura de la vanguardia cinematográfica parisina. Con innumerables éxitos y premios en su filmografía,  la importantísima revista francesa Cahiers du Cinéma le dedicó un número entero en 1983, hecho bastante extraordinario.
“Misterios de Lisboa”, su última obra, es uno de los rascacielos del celuloide (como la hubiera descrito el crítico cinematográfico Guillermo Cabrera Infante). Cuatro horas y media de metraje adaptan la novela homónima publicada en 1854 por el escritor Camilo Castelo Branco, uno de los autores más representativos de la literatura portuguesa de todos los tiempos y uno de los más leídos. Esta, su primera obra,  se inscribe dentro del Romanticismo, concretamente en la segunda fase del Romanticismo portugués, llamado Ultra-Romanticismo, lo que nos da la medida de la línea argumental de la novela, y por lo tanto, de la película.
Teniendo en cuenta que la participación afectiva del espectador es fundamental a la hora de valorar un largometraje, resulta complicado sentir empatía por un melodrama decimonónico en el que el amor fatal desencadena auténticas tragedias arrastrando a los personajes a desmayos, duelos, asesinatos, autocastigos y muertes, todo ello rodeado de bastardía y orfandad a diestro y siniestro.
 No es que el amor en grado superlativo no sea verosímil. En 2009 la directora neozelandesa Jane Campion rodó “Bright Star”, película en la que narra la historia del amor desgarrador sentido por la joven Fanny Bawne hacia el poeta romántico del siglo XIX John Keats. En este caso, una obra maravillosamente compuesta permite al espectador sumergirse en el romance y participar de los arrebatadores sentimientos de sus protagonistas. Pero “Misterios de Lisboa”  no fluye de la misma manera. La trama es, de entrada, excesivamente complicada, con un encadenado de historias que entrelazan las vidas de demasiados personajes de forma irregular. El guión pierde el ritmo y las  reacciones de los intérpretes son tan teatrales  que rozan la pantomima. Cierto es que la ironía es una de las constantes de Raoul Ruiz, y hay algo de ironía en la película, pero no la suficiente. Y cierto es que el rodaje tiene momentos acertados, aunque con algunas carencias visuales a pesar de lo maravilloso de las localizaciones palaciegas (sillones y baúles que se repiten, paredes desconchadas o agrietadas en un tiempo en el que no tendrían por qué estarlo...), carencias muy habituales, desgraciadamente, en productos televisivos de la península ibérica (“Misterios de Lisboa” estaba inicialmente destinada a este fin).  
No obstante, siguen admirando planificaciones virtuosas de su director, con planos secuencia maestros. Y también sorprende en la película el final, un final abierto que, en este contexto, llama la atención por su modernidad.

Sea como fuere, es muy interesante transmitir la cultura popular y dar a conocer una figura como Camilo Castelo Branco al público. Pero quizás no tenga sentido adaptar literalmente al cine una obra como ”Misterios de Lisboa”. Y a pesar de que, con este largometraje, Raoul Ruiz ganó en 2010 la Concha de plata al Mejor Director en el Festival Internacional de Cine de San Sebastián, y de su incuestionable perfeccionismo técnico, resulta bastante inevitable pensar que este premio es más un homenaje a su figura que una distinción por su trabajo en esta película. Y es que "Misterios de Lisboa" no es una obra que, por sus características, merezca ser destacada.

domingo, 27 de marzo de 2011

NUNCA ME ABANDONES ("Never let me go", 2011)


 “Nunca me abandones”, basada en la novela homónima del japonés nacionalizado británico Kazuo Ishiguro , pretende ser una combinación de intimismo y ciencia ficción sumamente compleja. Pero a pesar de su gran lirismo estético, los mecanismos empleados para narrar la historia la convierten en una película inverosímil de principio a fin. La trama sobre ingeniería genética flota en innumerables lagunas y el triángulo amoroso de los tres protagonistas resulta excesivamente forzado y, a ratos, incomprensible. No cabe duda, a pesar de todo, de que son emocionantes determinados momentos, como la secuencia en la que un joven desesperado busca que le lean el alma a través de sus dibujos. Pero, en general, el resultado es pretencioso y de ritmo monótono, dejando al espectador frío y alejándole de los personajes. Personajes, eso sí, que están encarnados en su mayoría por buenos intérpretes (a destacar Carey Mulligan en el papel de Kathy H.).
Pretendiendo cuestionar la ética de la manipulación genética a la par que analizar los sentimientos humanos, el director hace una apuesta difícil y pierde. Nos queda un montaje de imágenes hermosas bajo una elegante banda sonora compuesta por la siempre acertada Rachel Portman. Un conjunto bello, lo que no es nada desdeñable, pero sin esencia, sin entrañas… "Nunca me abandones" es un largometraje que resulta aséptico y con  poco interés.

sábado, 19 de marzo de 2011

ESPERANDO SEPTIEMBRE (2010)


“Al dinero, al éxito, al exceso de propiedad o de ganancias, a la ligereza, la prisa, la falta de vida espiritual o de conciencia hay que enfrentar la dedicación, el oficio, la buena voluntad, el tiempo, el pan de cada día y, sobre todo, el amor, que es aceptación y entrega, no posesión y dominio. A esto hay que aferrarse”.

“No son genios lo que necesitamos ahora”, José Antonio Coderch, 1961.

Cuando se ve una película hecha en las condiciones en las que se ha hecho “Esperando septiembre” es inevitable mirar con ojos diferentes. Y es que esta película dirigida y autoproducida por Tina Olivares  es resultado del empeño de un pequeño grupo de personas que, a falta de dinero, decidieron invertir todo su esfuerzo y toda su ilusión en el proyecto.
“Esperando septiembre” habla de la vida de cinco personajes muy sencillos y humanos en época de crisis. Cinco actores participaron, junto a la directora albaceteña, en la creación de estos personajes prestándoles, no solo su saber interpretar, sino también sus casas y hasta su vestuario. Partiendo de una escaleta terminada, ellos construían sus roles mientras la directora redactaba el guión. Y así la película se fue escribiendo y grabando en paralelo sobre escenarios naturales de los que se aprovechaba lo que ofrecieran en cada momento.
Aunque “Esperando septiembre” no es una película redonda, emociona por sus buenas intenciones. Y que la obra sea tan colectiva la convierte en muy cercana y la llena de encanto con recursos narrativos interesantes y personajes entrañables que logran hacernos sentir identificados en esta época en la que raro es el que no sufre, o no ha sufrido, los estragos de la crisis.
La película puede verse “on-line”, pero nos cuenta Tina Olivares que no por su propia voluntad. Es indiscutible que la decisión de distribuirla por internet debería haber sido exclusivamente suya y que nadie tiene derecho a apropiarse de la obra de los demás. Pero la que suscribe opina que el visionado por internet, en este caso, puede dar a muchos espectadores la posibilidad de acceder a este largometraje (posibilidad antaño impensable cuando una película no contaba con la suficiente distribución en salas comerciales). Y esto nos lleva a la conclusión de que las nuevas tecnologías pueden, en determinados casos y siempre que estén bien empleadas, ayudar a la difusión del cine. 
Por otra parte, que la directora haya demostrado que es capaz de construir una obra inteligente sin medios es un buen reclamo. Quién sabe lo que podrá componer cuando disponga de ellos.

viernes, 11 de marzo de 2011

VALOR DE LEY ("True grit", 2010)


“El western fue en realidad inventado por Homero. Aquiles, Ajax, Héctor son representaciones de los héroes del western: el sentido de la justicia, el valor, la fuerza, la independencia, etc…
La única diferencia es que, para sobrevivir, unos confían en su habilidad para manejar la lanza o la espada y otros en su rapidez para desenfundar el revólver [...] Por esto siempre digo que la dimensión última del western no pertenece a los americanos, sino a todo el mundo.”

Sergio Leone

Los hermanos Coen nos tienen acostumbrados a analizar todo tipo de géneros descomponiéndolos y reconstruyéndolos, así que  lo  que hacen en “Valor de ley” no nos sorprende. Aunque tiene, sin embargo, el mérito añadido de componer un remake (no una versión) perfectamente fiel a la película de 1969, pero reinventando de forma aparentemente sencilla su lenguaje original.  El sentido del humor y el ritmo nuevos mejoran los primeros, tal y como lo hacen las interpretaciones de Matt Damon, mucho más convincente que Glenn Campbell en el papel de LaBoeuf,  o Hailee Steinfeld, una Mattie Ross espléndida (y superior a Kim Darby) que gana protagonismo en esta película respecto de la anterior, convirtiéndose en narradora de la historia igual que lo es en el libro homónimo de Charles Portis. En cuanto a Jeff Bridges (Reuben Cogburn) lo borda con hilos de ironía y desenfado, y llena la pantalla con su parche desacompasado con el de John Wayne (cada uno lo lleva en un ojo diferente, quizás Bridges quiso marcar la diferencia). No nos planteemos, sin embargo, la posibilidad de desbancar al Duque por el único trabajo que le mereció un Oscar, y asumiendo de entrada su gran interpretación, concedámosle además la ventaja de lo mítico.
Dicen los Coen que partieron básicamente de la novela, dejando un poco atrás la película de Henry Hathaway, para construir su “Valor de ley”. Pero lo cierto es que las verosimilitudes a nivel de guión entre las dos películas son tan obvias que hacen pensar que, o ambas son dos fieles calcos del libro, o los hermanos mienten deliberadamente. Aún así, la planificación del director bicéfalo (como les llaman algunos en la industria del cine) es un ejercicio distinto  en el que la noche, la nieve, un hombre vestido con una piel de oso y el rostro de una niña sobre un fondo estrellado son detalles que  dan al largometraje tintes de cuento. Y por qué no: al fin y al cabo el western, tal y como lo conocemos, es un género que, partiendo de una raíz histórica, se ha convertido en el retrato de un universo ficticio modelado en todo su conjunto por el propio cine.
En cualquier caso, la película se yergue entre un prólogo que quizás peque de lento y un epílogo que nos devuelve a la parte más trascendente del género con mucha sensibilidad. Y a pesar de que hay quien cree que es la película menos personal de los Coen, este “Valor de ley” no deja de ser una apuesta  inesperada y sin duda acertada de sus directores.

jueves, 3 de marzo de 2011

CISNE NEGRO ("Black swan", 2010)

A menudo hemos hablado de la importancia de lo sutil en el lenguaje cinematográfico, y de lo difícil y emocionante que resulta que nos enseñen sin mostrarnos. Desgraciadamente el director de “Cisne negro” no parece partidario de esta filosofía. Darren Aronofsky, no sabemos si por falta de recursos o por decisión propia, acude a la sangre y a los jirones de piel para describir el sufrimiento del alma, fórmula terriblemente irritante y hueca. El viaje introspectivo que se plantea en principio, el tránsito de una bailarina invadida por graves conflictos internos hacia el día de su primera gran actuación, es de una espiritualidad emocionante. Pero los vehículos utilizados para narrar la historia son tan burdos que destruyen su sentido inicial. O tal vez sea la delicadeza del planteamiento lo que no se corresponde con la intención final. Pero lo cierto es que lo que percibimos (algunos) es que alrededor de una Natalie Portman espléndida que derrocha poesía por cada poro de su piel, se levanta un mundo cuya torpeza narrativa lleva, por ejemplo, a que el desgarro de una mujer arrinconada ya por la edad a pesar de su juventud, Winona Ryder, se traduzca en partirle las piernas y convertirla en una especie de niña del exorcista.
Las películas son lo que son, y no lo que queremos que sean. Por ello no quisiera pretender que “Cisne negro” fuera lo que no es. Pero creo firmemente que para que un buen intérprete encarne el lado oscuro del cisne blanco sobre el escenario no necesita ni de alas emplumadas ni de ojos ensangrentados, y lamento que las inmensas expectativas de la película se desintegren entre tanto efectismo y tanta obviedad.  Me queda la duda de saber cuál es la auténtica cara de Aronofski, si la del intimismo o la del charco de sangre. Aunque, viendo su trayectoria, la duda se disipa rapidamente: evidentemente su rostro es el del sensacionalismo.

jueves, 24 de febrero de 2011

LAS INFLUENCIAS DE ANTONIONI EN EL CINE CONTEMPORÁNEO

Parece difícil hablar sobre el cine de Michelangelo Antonioni cuando él mismo decía: “No tengo nada que decir pero quizás tenga algo que mostrar. No es lo mismo”. Nacido en Ferrara en 1912, Antonioni construyó un universo enigmático y de una modernidad muy alejada de su tiempo, lo que le hizo ser a menudo incomprendido e infravalorado en pro de su coetáneo Federico Fellini.  Dice la escritora catalana Mercedes Salisachs que la ausencia puede tener volumen, y en el cine de Antonioni lo tiene inmenso. La introspección, el silencio, son protagonistas de largometrajes en donde los personajes desnudan su alma mediante tiempos muertos. Estos personajes son más de ahora que de entonces, personajes que, pertenecientes a la burguesía y teniendo sus necesidades básicas cubiertas, buscan desesperadamente la felicidad. La insatisfacción, la frustración, el desencanto, parecen palabras mucho más aplicables a la sociedad de hoy que a la de los años 60. Pero Antonioni conocía el mundo en el que vivía y lo reflejaba con un lenguaje arriesgadísimo que hoy consigue hacernos sentir identificados. Su cine no ha envejecido gracias a la radicalidad estética y argumental de su discurso, y le convierte en  autor de claves fundamentales del lenguaje cinematográfico moderno: una composición nueva, la inclusión del arte a todos los niveles, el no temer ni el silencio absoluto, ni la lentitud, ni la reflexión, y una inmensa osadía y dominio técnico para construir secuencias como la primera de “El eclipse” (1962) o la última de “El reportero” (1975). Dice Doménec Font que la época de Antonioni era una época en la que el cine tenía talento incluso para convenir las reglas de su propio suicidio. Y es cierto que el cine de Antonioni se suicidó en cierto sentido. Pero resurgió de sus cenizas admirado por muchos directores que, impresionados por su lenguaje experimental y poético,  quisieron seguir su estela. Sus influencias son incontables. Veamos unas cuantas.

El director chino Wong Kar Wai es quizás uno de los autores más influidos por Antonioni en nuestros días. Su estética elegante y su lenguaje de silencio recuperan aquel cine de los años 60.  En su obra “Deseando amar” (2000) el aire que se respira es puramente antoniniano. No en vano le buscó el director italiano para dirigir uno de los episodios de su última película, “Eros” (2004), junto a Steven Soderbergh y a sí mismo, resultando ser el relato más hermoso el del realizador hongkonés. Wong Kar Wai compone planos de gran calidad artística introduciéndose en el interior de sus personajes sin temor a desmenuzar sus almas ni a adentrarse en sus conflictos más íntimos. Y todo ello con sutileza y maestría.
                                  
También sería importante incluir en esta lista a Abbas Kiarostami. Muchos críticos se han referido a Roberto Rosellini y a su obra “Te querré siempre” a la hora de analizar la película “Copia certificada” del director iraní. No hay que olvidar que Antonioni fue asistente y guionista de Rossellini quien influyó extraordinariamente en su obra. La propiedad transitiva nos lleva a encontrar rasgos Antoninianos en la obra de Kiarostami quien, como su antecesor, se atreve a analizar la incomunicación oral y la angustia del mundo moderno sin palabras. El realizador asiático también analiza personajes introspectivos y descreídos de la vida y del amor con un lenguaje muy poético y tremendamente elaborado. Explora los sentimientos más complejos muy intensamente.

Regresando a Europa, Wim Wenders ayudó a terminar el film de Antonioni  “Más allá de las nubes” cuando el italiano se puso enfermo en 1995. Aunque “Más allá de las nubes” es una película claramente de Antonioni y no de Wim Wenders, ya en “París, Texas”  (1984) se observaban influencias del realizador ferrarés en el alemán. La sublimación de la composición, el tratamiento de los recuerdos y la elegancia estética, además de aquel terreno baldío que recorre el protagonista de la película consumiéndose a cada paso, crean un entorno que remite a los escenarios a veces inmensos y casi futuristas de Antonioni.

Para terminar, busquemos en los archivos de nuestro cine. Parece inevitable recurrir en este trance a Víctor Erice, nuestro mejor creador de silencios. Su microcosmos de lucha interior y de incomunicación es de una belleza inusitada en “El espíritu de la colmena” (1973) o en “El sur” (1983). Parece fácil relacionar la intensidad emocional de estas obras tan personales con las de Antonioni. La composición pictórica de los planos de Erice se traduce en pura lírica e impregna sus ambientes de misterioso existencialismo. El dominio expresivo del director vizcaíno le convierte en uno de los mayores genios de la narrativa audiovisual.

Así se extiende la mancha de aceite que arrastra el alma de Michelangelo Antonioni. El director italiano inventó una forma de crear, de rodar, incluso de pensar y analizar al ser humano absolutamente nueva para su tiempo. Alejado de las convenciones clásicas,  bañó con su halo de sabiduría técnica y artística  a muchos directores que quisieron seguir su rastro.
Que no nos abandone.

domingo, 13 de febrero de 2011

DE DIOSES Y DE HOMBRES ("Des hommes et des dieux", 2010)

El director francés Xavier Beauvois decide acometer la difícil tarea de describir, con apenas unos trazos de finísima pincelada, unos personajes de gran complejidad y humanidad en su última película, “De dioses y de hombres”. Pocas palabras, pequeños gestos, le son más que suficientes para retratar a estos monjes trapenses basados en personajes reales que vivieron en los años 90 en el monasterio de Nôtre Dame de l’Atlas, en Thiberine (Argelia). La película es un relato profundo y místico en el que la convivencia y el respeto son protagonistas junto a  los miembros de esta comunidad magníficamente interpretados por un grupo de actores acertadísimo. Estos hombres se enfrentan a una situación muy dura cuando problemas entre el gobierno local y grupos extremistas desencadenan una ola de violencia que amenaza su seguridad. Ellos afrontan la situación con mucho miedo pero también con un increíble coraje y mucha dignidad. Como en “El lago de los cisnes”, y escuchando su melodía, deciden luchar para que sus espíritus permanezcan juntos para siempre, y morir como han vivido: siendo la rama en la que se apoyan los pájaros de su entorno.
La película, con varios premios y múltiples nominaciones, entre ellos el importante Gran Premio de Honor de Cannes, construye sin artificio melodramático una isla de  espiritualidad cisterciense que intenta sobrevivir en un mar musulmán. Absurdos son la vida, la lucha religiosa o política, el martirio… quizás la reflexión de uno de estos personajes, Christian, sea certera, al margen de creencias religiosas o no. Quizás nada tenga sentido en la vida o en la muerte si no el amor, el amor al prójimo o a la propia obra. Quizás todo consista en amar.

viernes, 4 de febrero de 2011

ANIMAL KINGDOM (2010)

Si no puedes con ellos, únete.

El reino animal dicta una ley natural en la que queda establecido que los seres más débiles están condenados a desaparecer. Joshua Cody (James Frecheville), un joven de apenas 18 años que se ve inmerso a la fuerza en una jungla de delincuencia, aprende en poco tiempo que no es invisible como él creía (le detecta el secador de manos contra todo pronóstico) y que debe luchar para sobrevivir. Esto le llevará a enfrentarse al jefe de la manada, igual que lo hace Malik El Djebenalo (Tahar Rahim) en la reciente película francesa dirigida por Jacques Audiard, “Un profeta” (“Un prophète”, 2010). A ambos personajes, jovencísimos y vulnerables, la vida les pone en la misma tesitura, y a ambos se les ve crecer en pantalla (dos buenas interpretaciones), no por el paso de los años, si no por la dureza de la prueba a la que son sometidos. La experiencia les vuelve fríos y calculadores tras un corto aprendizaje (no hay tiempo para más) y aprenden a reinar en el infierno que les ha tocado vivir.
Con un lenguaje austero y una gran frialdad fotográfica, la película genera momentos de auténtica tensión salpicados de golpes brutales que se ven enfatizados por el contrapunto de suceder en un clima de total naturalidad. Dirigida por David Michôd y ganadora del Premio del Jurado en el festival de Sundance a la mejor película internacional, este largometraje australiano es un prometedor debut de su realizador que elabora una obra nada efectista y de una eficacia demoledora acompañado de un casting perfecto que camina a su paso.

jueves, 27 de enero de 2011

POESÍA ("Shi", 2010)

La poesía de la melancolía, de vivir el drama con una sonrisa en los labios, de llenar la existencia de pequeños detalles, de aprender a escribir poesía en el ocaso de la vida… todo eso es “Poesía”, la última película del surcoreano Lee Chang- Dong.
Mientras Mija, personaje protagonista de la historia, busca obsesivamente la fórmula para escribir un poema, el director asiático lo escribe rodando magistralmente esta obra. El tempo de la película fluye sereno impregnado de las alegres vestimentas de la protagonista y de su sonrisa, sonrisa que se va borrando a medida que se van borrando sus razones para seguir viviendo. La actriz Yoon Hee-Jeong interpreta a una mujer mayor inquieta e inteligente que aprende a ver lo que mira y a vivir con dignidad, y para quien solo la poesía parece tener sentido cuando el mundo se deshace a su alrededor.
El papel de Mija es un papel doloroso y poético, y  Yoon Hee-Jeong lo borda creando un tándem difícilmente superable con su director, Lee Chang- Dong. El resultado es una película desgarradora y de gran belleza que ganó el premio al Mejor Guión en el Festival de Cannes 2010 y que compone una pequeña joya con un título perfecto que, escrito en coreano, parece un poema dibujado.

viernes, 21 de enero de 2011

UNAS LÍNEAS SOBRE "PLANES PARA MAÑANA"

Aunque el recurso de las vidas cruzadas ha sido ya muy utilizado en obras cinematográficas, no está de más si el objetivo es unir las experiencias de cuatro mujeres puestas a prueba el mismo día. Un elenco de buenas actrices, Goya Toledo, Carmen Elías, Ana Labordeta y una gran revelación, Aura Garrido, encarna a la perfección a cuatro mujeres cuyas vidas se entrelazan mientras se enfrentan a complicadas coyunturas. Las cuatro ven sus vidas desmoronadas (o recuperadas) en apenas 24h, y son un estupendo retrato de superación. Esta primera película de Juana Macías es un buen ejercicio de estructura cimentado sobre un guión sólido, y sobre todo, “planes para mañana” es un largometraje muy digno, cualidad nada despreciable.


UNAS LÍNEAS SOBRE "SUNSHINE CLEANING" (2010)

Invadidas por una mezcla de aprensión, repugnancia y expectación. Así abren cada día la puerta de los escenarios de los crímenes que van a limpiar Rose y Norah Lorkowski, dos hermanas muy diferentes y con muchos problemas personales que luchan diariamente por salir adelante. “Sunshine cleaning” es una película que conjuga drama y sentido del humor a la perfección, narrando las difíciles vidas de unos personajes sencillos y muy humanos maravillosamente bien interpretados. La directora, Christine Jeffs,  construye una historia sutil y con pocas pretensiones que nos recuerda a “Pequeña Miss Sunshine” (de los mismos productores) en muchos de sus rasgos, entre ellos en parte del título, ese “sunshine” que es un halo de esperanza, una luz que ilumina las existencias de los personajes que deambulan por la penumbra de este pequeño universo agridulce pero amable.

jueves, 20 de enero de 2011

MEJORES PELÍCULAS DEL 2010

ESPAÑOLAS

1   TAMBIÉN LA LLUVIA (Iciar Bollain)
2   PA NEGRE (Agustí Villaronga)
3   ENTERRADO (Rodrigo Cortés)
4   BALADA TRISTE DE TROMPETA (Alex de la Iglesia)
5   HABITACIÓN EN ROMA (Julio Medem)
6   MARÍA Y YO (Félix Fernández de Castro)
7   EL GRAN VÁZQUEZ (Óscar Aibar)
8   PLANES PARA MAÑANA (Juana Macías)
9   BICICLETA CUCHARA MANZANA (Carles Bosch)
10 AMADOR (Fernando León de Aranoa)

EXTRANJERAS

1   LA CINTA BLANCA (Das weisse band, Michael Haneke, Alemania, Austria, Francia e italia)
2   POESÍA (Shi, Lee Chang- Dong, Corea del sur)
3   UN PROFETA (Un prophète, Jacques Audiard, Francia)
4   LA RED SOCIAL (The social network, David Fincher, USA)
5   EXIT THROUGH THE GIFT SHOP ( Exit through the gift shop, Bansky, Reino Unido)
6   CIUDAD DE VIDA Y MUERTE (Nanjing! Nanjing!, Lu Chuan, China)
7   UNCLE BONMEE RECUERDA SUS VIDAS PASADAS (Lung Boonmee raluek chat, Apichatpong Weerasethakul, Tailandia)
8   YO SOY EL AMOR (Io sono l'amore, Luca Guadagnino, Italia)
9   BRIGHT STAR (Bright Star, Jane Campion, Reino Unido)
10 SUNSHINE CLEANING (Sunshine cleaning, Christine Jeffs, USA)

El autor se reserva el derecho de modificar la lista en función del aumento de su bagaje cinematográfico relativo a 2010.

martes, 11 de enero de 2011

BALADA TRISTE DE TROMPETA (2010)

SERGIO
¿Por qué quieres ser payaso?

El payaso triste no contesta. Sergio da un golpe con el vaso de vino en la mesa.

SERGIO
¡¡Contesta, joder!! ¡¡Algo habrá!!
Nadie se hace payaso porque sí.
¿Porque te da miedo la vida?
¿Porque lo eran tus padres?
¿Porque quieres humillarte?

JAVIER
¿Y usted?

SERGIO
Porque si no fuera payaso sería un asesino.

JAVIER
Yo también.

Estas líneas son algo más que diálogos de “Balada triste de trompeta”. También son una declaración de principios de su autor, Alex de la Iglesia, director y guionista de la película, que apuesta por la violencia gratuita y el absurdo más absoluto en esta comedia negra.
El largometraje, ambientado en un microcosmos de caravanas y animales circenses como un estallido de fuegos artificiales siniestro sobre trajes de luces eclesiásticos y ambientes urbanos decadentes, es un compendio de imágenes grotescas en donde la violencia es una protagonista más, o quizás la única. “Balada triste de trompeta” encadena planos fortísimos sin hilo conductor, y resulta ser un espectacular continente sin contenido, el maravilloso envoltorio de una ausencia, la ausencia de historia. Y es que el triángulo amoroso de los tres personajes principales no es más que una justificación para construir encuadres brutales previamente compuestos en la mente del director, lo que convierte al guión en un “collage” de impresiones. Cierto es que la historia se enriquece por el sentido del humor bien empleado y el juego de apariciones de personajes y acontecimientos importantes de la historia de nuestro país. Y alimenta el encanto del conjunto la procesión de actores secundarios que divierte y recuerda aquellos tiempos del cine español en los que parecía que los secundarios primaban sobre los principales. En este caso Santiago Segura, Manuel Tallafé, Terele Pávez, Fernando Guillén Cuervo, Luis Varela, Sancho Gracia… forman un entrañable elenco ya casi necesario en las películas del realizador.  Pero no hay que olvidar que entre un prólogo magníficamente montado y un desenlace muy “a lo Alex de la Iglesia” con carácter de espectáculo y en un escenario emblemático de Madrid (en este caso el Valle de los Caídos), los tres actores principales (como todos los demás) son marionetas cuya elaboración y ambigüedad estéticas eclipsan su esencia, posiblemente porque no la tienen.
La película es  una coyuntura difícil para el público de fuera de nuestras fronteras. De hecho, la crítica internacional estuvo muy dividida en el Festival de Venecia ante un Quentin Tarantino entusiasmado que se sintió identificado en el uso desenfadado de la violencia más extrema. En cualquier caso, cierto es que no nos sorprende que Alex de la Iglesia no sepa ni contar historias ni definir personajes (sálvese de la quema “El día de la bestia”), como tampoco lo hace su gran talento visual, claramente destacable en nuestro país. Pero podría decirse que la estética brutal que nació en “Acción mutante” ha llegado a su madurez. Y la verdad es que su fuerza es tan aplastante que uno se pregunta si es necesario que haya fondo bajo la forma. La película, no apta para almas sensibles, irradia una plasticidad impactante que nos arrastra en una historia sin sentido que exige un acto de fe. Y la capacidad o incapacidad para llevar a cabo dicho acto de fe alimenta una profunda controversia que dificulta decidir si el resultado, histriónico y enloquecido, es o no una buena obra. Parece que la reacción ante “Balada triste de trompeta” sólo pueda proceder de las entrañas.
El debate queda abierto.

miércoles, 29 de diciembre de 2010

ENTERRADO ("Buried", 2010)

No somos nadie.

Echado hacia adelante y con un escalofrío recorriéndole el cuerpo. Así queda el espectador en la butaca tras ver “Enterrado”, la última película de Rodrigo Cortés. Este director, de origen gallego, parte de un guión escrito por Chris Sparling que deambuló por Hollywood durante cerca de un año sin que nadie quisiera producirlo. Y el experimento, arriesgadísimo, se ha convertido en manos de Cortés en un gran acierto.
El personaje principal de la producción (y único físicamente) es un hombre, Paul Conroy (Ryan Reynolds), cuyas circunstancias personales nos acercan a una situación que, de entrada, nos resulta alejadísima. ¿Cómo sentirse identificado con un transportista norteamericano que es secuestrado en Irak por insurgentes y enterrado en el desierto? Ahí radica uno de los logros del guionista, y es que a través de la humanidad del protagonista, de su universo, consigue que nos veamos reflejados en él, en un hombre que no es nadie, como casi todos nosotros. Y el vernos reflejados en él amplifica nuestro sentimiento de horror, subrayado además por la planificación de Rodrigo Cortés, completísima y justificadísima, en un ejercicio de estilo impecable. Todo ello tejido sobre la base de uno de nuestros terrores primarios: ser enterrado vivo. Entre un planteamiento estremecedor y un desenlace demoledor, la trama construida es una denuncia visceral y espeluznante que nos acerca a la certeza de que estamos totalmente desamparados en un mundo en el que la mayoría de nosotros no importa nada,  sólo importan el dinero y el poder.
Esta historia, brutal en esencia, fue rodada en Barcelona en sólo 17 días. Un ejemplo de que pocos medios son más que suficientes cuando sobra el talento. Y en “Enterrado” hay tanto talento como claustrofobia, angustia, desesperación y terror. Y también hay un nombre: un nombre que Paul escribe con esperanza y que es un recurso de guión magnífico, una metáfora estremecedora del horror y la verdad.