miércoles, 28 de septiembre de 2011

EL ÁRBOL DE LA VIDA (The tree of life, EEUU, 2011)

“Desde pequeña tuve que elegir entre lo natural y lo divino. Yo elegí lo divino.” Asistimos al llanto desgarrador por una pérdida. Sobrevienen insertos cósmicos, imágenes prehistóricas eternas e inauditas en el contexto. Retrato extraordinariamente sensible de la infancia.  Poesía de la procreación, los planos son de una belleza sobrecogedora. Jessica Chastain está gloriosa, virginal. Una oda al origen de la vida en la que un volcán en erupción, de duración infinita,  nos aleja de la historia. Adoración maternal. Amor/odio paterno- filial. Conmovedora, sublime, gran belleza formal. Dialéctica distinta en el montaje. El personaje de Sean Penn no se sostiene. Rabia emocionante contra Dios. ¿De qué sirve ser bueno si un niño puede morir? Terrence Malick ha rodado cinco películas en cuarenta años. ¿Pretende contarnos una historia? ¿Por qué actores tan mediáticos en una obra tan trascendente? Extremadamente poético, inspirado, y muy pretencioso, en ciertos momentos artificioso. Fascinante y agotadora. ¿Tiene sentido distribuir esta película en circuitos comerciales? Media sala se va antes de que acabe la proyección. Los espectadores hablan. Alguno aplaude.

Desconcertante.

domingo, 25 de septiembre de 2011

LA PIEL QUE HABITO (España, 2011)

Diferente pero igual. Estos son quizás dos buenos adjetivos para definir la última película de Pedro Almodóvar. Diferente porque es una apuesta arriesgadísima a nivel argumental, un valiente acercamiento al thriller. Igual porque se siguen reconociendo en ella todas y cada una de las obsesiones del director manchego junto a sus argumentos imposibles y su mezcla de géneros.
Y es en esa igualdad diferente en donde radica probablemente su defecto y su virtud. Porque tamaño desafío exigiría alejarse más de la propia esencia, a la vez que ser fiel a uno mismo es lo que hace grande la creación.

Basándose en la novela “Tarántula” de Thierry Jonquet (Mygale, 1995), Almodóvar construye un personaje principal, Robert Ledgart, que oscila entre un Pigmalión enamorado de su obra, el brillante cirujano enloquecido que rapta chicas en “los ojos sin rostro” (“Les yeux sans visage”, Georges Franju ,1960) o el mismo Doctor Frankenstein. En este caso la venganza del protagonista se vuelve doblemente satisfactoria, arruinando la vida de quien ha destrozado la de su hija a la vez que recupera a la mujer amada.
La atmósfera enfermiza que se genera en el film no llega a ser todo lo tenebrosa que se podría esperar, aunque el lirismo que desprenden las imágenes es innegable, resultando imposible no sentirse seducido por ellas. Se echa de menos, sin embargo, la tan esperada estética almodovariana que no solo se transforma en sobria y poco colorista, sino que pierde absolutamente su carácter sin adquirir ningún otro. Todo ello con una clara superioridad interpretativa de Elena Anaya, que ya en  “habitación en Roma” irradiaba una gran madurez dramática y que carga aquí con la mayor parte del peso de la película, resultando Antonio Banderas excesivamente flemático y falto de registros (parece que por propia  voluntad del director, que sin duda ha confundido austeridad con ausencia).

El realizador, en un reto muy comprometido, nos cubre de una piel resistente al fuego, al dolor… pero también a las emociones. Contrayendo un riesgo complejísimo que solo puede asumir un Almodóvar estelar en su decimoctava película, esta cinta turbadora resulta sin embargo incompleta y fría.
Me quedo con una frase escrita por el personaje de Vera en su maravilloso mural infinito: “el arte es garantía de salud”.

sábado, 17 de septiembre de 2011

EL HOMBRE DE AL LADO (Argentina, 2009)

 “No somos cinéfilos ni amantes del cine, buscamos explorar lenguajes nuevos, formas narrativas diferentes, recursos visuales novedosos. Tal vez somos un poco provocadores en cuanto no respetamos la historia del cine en este sentido”. Así se expresaba Gastón Duprat en una entrevista concedida a la revista Planeta Latinoamérica. Con estas palabras no exentas de cierta soberbia presentaba junto a Mario Cohn su segundo largometraje de ficción, “El hombre de al lado”, en el que, entre otras cosas, analizan la vanidad en el arte.

La película está rodada en un marco incomparable: la casa Curutchet construida en ciudad de La Plata entre 1949 y 1953 y diseñada por Le Corbusier, figura fundamental de la Arquitectura de todos los tiempos. Mariano Cohn y Gastón Duprat nos regalan la maravillosa posibilidad de pasearnos por esta vivienda sorprendentemente moderna y de una pureza formal magnífica, actual sede del colegio de arquitectos de la ciudad. En la pared medianera de tan notable construcción se sitúa el eje central de la trama, y sus dos protagonistas se ven inmersos en una incansable contienda vecinal. Rafael Spregelburd (personaje importante del teatro argentino) y Daniel Aráoz (presentador de televisión, director de teatro, guionista, productor y actor  del mismo país) encarnan respectivamente a Leonardo, un arquitecto de gran prestigio, y a Víctor, un hombre que no parece más que buscar la luz, erigiendo ambos de manera muy acertada unos personajes antagónicos entre sí y muy ricos en matices. En la cinta sobrevuela la pregunta constante de si tiene razón de ser negarle a un hombre el derecho elemental de atrapar unos rayos de sol por pura obsesión estética, y partiendo de este punto los autores presentan un planteamiento muy interesante que saca a la luz múltiples cuestiones e invita a infinitas preguntas.

En “el hombre de al lado” el contenido supera a la forma y el montaje contiene planos innecesarios que dañan el ritmo de la película. Pero indiscutiblemente la propuesta, sorprendente y con alto contenido filosófico, es de gran valor. Todo ello en un escenario magnífico cuyo creador subrayaba la palabra constancia, y decía que para ser constante hay que ser modesto, recordando sin cesar unas palabras que le repetía su madre: “ce que tu fais, fais-le!” (¡Lo que hagas, hazlo!).

miércoles, 10 de agosto de 2011


Cerramos por vacaciones hasta mediados de septiembre.
Que paseis un feliz verano.

LA PRIMA COSA BELLA (2010)

Paolo Virzi, director y guionista italiano, recuerda con nostalgia y con amor Livorno, ciudad de la Toscana italiana en la que nació. Su última película, “La prima cosa bella”, está ambientada en gran parte en aquel mundo obrero de los años 70 que acogió su infancia como acoge la de Bruno, el protagonista de la cinta. La madre de Bruno y de su hermana Valeria es una mujer imponente y vitalista que en el periodo estival de 1971 es elegida la mamá más bella del verano en una fiesta local. Esto desatará una tormenta emocional en la familia a partir de la cual la vida de la madre y de los hijos se convertirá en una búsqueda incansable de la felicidad.

“La prima cosa bella” retrata un torbellino emocional típicamente italiano. Anna es una mujer hermosa y apasionada que quiere dejar atrás las tristezas y abrazar la vida. Con una iniciativa y una fortaleza sorprendentes, arrastra a sus hijos con ella en su aventura sin que esto sea siempre bueno para ellos. Bruno y Valeria conocerán múltiples hogares y amantes de su madre, lo que les desestabilizará emocionalmente y les hará crecer desorientados.  Pero a pesar de ser autora en gran medida de su destrucción emocional, la siempre sonriente Anna les dará también una gran lección de vida: lo único importante en este valle de lágrimas es luchar para ser feliz. El reparto de la película es maravilloso, con una  Micaela Ramazzotti espectacular que encarna  el alocado papel de Anna de joven,   una espléndida Stefania Sandrelli  llena de fuerza en el papel de la inagotable Anna mayor y un Valerio Mastrandrea magnífico interpretando a un Bruno adulto exhausto por la infelicidad. Todos ellos tejiendo una historia terriblemente lacrimógena pero con elementos muy interesantes.

Homenajeando a las comedias dramáticas  italianas de los años setenta, en “la prima cosa bella” hay influencias de grandes maestros de entonces, entre ellos Vittorio de Sica y Ettore Scola. En la película hay mucho humor, sexualidad, sensualidad, amargura, esperanza y sensibilidad. Ganadora de tres premios David di Donatello a mejor actriz, mejor actor y mejor guión, la película es un ejercicio cinéfilo con momentos muy emocionantes  que flota sobre entrañables  canciones de Nicola di Bari.

Y  no olviden que la felicidad siempre vuelve con un baño en el mar.

miércoles, 27 de julio de 2011

LA NOCHE QUE NO ACABA (2010)

Ava Gardner vino a España en 1950 para rodar “Pandora y el holandés errante”, una cinta de Albert Lewin. Aquel viaje a Tossa de Mar (Gerona) le supondría una película menor en su filmografía, pero un cambio radical en su vida. En España encontró, entre artistas y toreros, la libertad que no encontraba en su país (y que curiosamente se le negaba a millones de españoles). Aquella actriz, conocida como “el animal más bello del mundo”, parecía tenerlo todo: una belleza extraordinaria, fama internacional, fortuna… y sin embargo era una mujer tremendamente desgraciada.

Ava Gardner se sentía muy sola y esta tierra le brindó la posibilidad de divertirse y de relacionarse. Cuentan que, cuando se levantaba de la silla en una fiesta, su belleza era tal que provocaba que se creara un vacío a su alrededor, como si de una diosa se tratara. Ella necesitaba compañía, contacto físico, amor. Angustiada emocionalmente, bebía y se abandonaba. Aquellas noches que no acababan eran su escapatoria, huyendo de sí misma hacia ninguna parte. Ansiaba ser madre y esposa, pero murió sola tras tres bodas fracasadas y una búsqueda incansable de la felicidad.
Isaki Lacuesta, director de cine gerundense, es uno de los pocos artesanos audiovisuales que quedan en nuestro país. El realizador cuenta esta historia con mucha delicadeza y mucho respeto hacia la diva. No pretende en ningún momento destruir el mito, solo quiere ahondar en su humanidad haciéndonos partícipes con mucha elegancia de su dolor. Basándose en la obra “Beberse la vida: Ava Gardner en España”, ensayo del escritor y crítico de teatro Marcos Ordóñez, Lacuesta nos muestra la evolución de la belleza de Ava. El contraste (tanto exterior como interior) entre la mujer joven y la mujer mayor se hace patente ya desde el magnífico cartel del documental en el que el desgarro del papel divide el rostro de la actriz en dos partes.  A medida que sus facciones se devastaban, su expresión adquiría más fuerza.
Ava Gardner fue una esclava de su cuerpo, una mujer que nunca llegó a encontrarse a sí misma. “En esta profesión no se llega nunca”, le comentó, ya mayor, a Silvia Marsó en el rodaje de la película “Harem” (1986). Y en su vida tampoco llegó nunca.

Recitada por Ariadna Gil y Charo López, esta tragedia personal está contada con serenidad, como si fluyera suavemente junto a la existencia de la protagonista. A diferencia de la mayoría de los documentales españoles, en este no es la palabra la que predomina, sino la imagen. Un montaje exquisito compone un largometraje muy interesante y conmovedor. Según el propio director, la cinta es “un viaje en el tiempo. Es como un intento de exorcismo y resurrección igual que en el cuadro de El Prado “Las edades de la muerte” de Hans Baldung Grien. Él tenía sólo un modelo de mujer al pintarlo y de ahí tuvo que hacerla joven y vieja.  Esto es algo que te permite hacer el cine y no la pintura». 

lunes, 18 de julio de 2011

HISTORIAS DE LA RADIO (1955)

El cine español de los años 50 es un valioso documento sobre la España de aquel tiempo, una España muy diferente a la actual (aún cuando seguimos contando con ciertas reminiscencias de entonces). Con sus grandes virtudes y sus grandes defectos, aquel era un mundo mucho más entrañable y solidario, pero también infinitamente más reprimido y miserable. A las nuevas generaciones les (nos) resulta increíble ser hijos, nietos, de aquel país. Pero lo somos, y en ese sentido es tremendamente educativo, además de muy hermoso, recuperar y descubrir el universo del Madrid de 1955 (tanto en su capital como en sus pueblos) en “Historias de la radio".
     
En un mundo en el que todavía no existía la televisión (faltaba un año para que el milagro llegara a los hogares más adinerados), la radio era un elemento fundamental en torno al que giraba la vida familiar y social de la población. Alrededor de la radio se reunían los amigos, de la radio nacían los sueños y a la radio pertenecían las estrellas que todos admiraban y de las que solo reconocían la voz. Empleando como núcleo del relato aquel microcosmos radiofónico, José- Luis Sainz de Heredia tejió tres historias divertidísimas (a la vez que devastadoras) cuyo resultado fue uno de los títulos más populares del cine autóctono de aquellos años, además de una de las mejores películas de su realizador. Muy a pesar de su ideología política, claramente afín y comprometida con el régimen franquista, (fue director de “Raza” en 1941, escrita por el Caudillo bajo el seudónimo de Jaime de Andrade, y del documental “Franco, ese hombre” en 1964), es inevitable reconocer en Sainz de Heredia a uno de los mejores directores de cine de nuestro país (profesión en la que se inició de la mano de Luis Buñuel).
El largometraje cuenta con un reparto maravilloso que inunda la pantalla de sentido del humor y de emociones. Aquellos actores formaban parte de la gran familia de cómicos españoles: José Isbert, Paco Rabal, Margarita Andrey, Juanjo Menéndez, Tony Leblanc, José-Luis Ozores, Angel de Andrés, Alberto Romea, Guadalupe Muñoz Sampedro, Juan Calvo, José Orjas, Adrián Ortega, Pedro Porcel… Todos ellos encarnan en esta comedia coral a personajes muy dispares, muchos de ellos azuzados por la necesidad. El director aprovechó asimismo para incluir en pantalla a personalidades muy populares de aquellos años  como lo eran el torero Rafael Gómez “El Gallo”, el futbolista Luis Molowny, la folclórica Gracia Montes, el conjunto musical los Xey, o una estrella del propio medio como Bobby Deglané (un recurrir al “famoseo” de la época  que reconocemos en cierto sentido en los Torrentes de Santiago Segura).

La película se convirtió en una de las obras más paradigmáticas de la posguerra española. A todos aquellos que, orgullosos, alardean de no ver cine español (sin más argumento que un prejuicio radicado en la propia ignorancia) les recomendamos que busquen y vean "Historias de la radio". Esto quizás les permita iniciarse en la historia del séptimo arte dentro de nuestras fronteras, y ampliar de ese modo sus conocimientos sobre la cultura de este país.

sábado, 9 de julio de 2011

CENA DE AMIGOS ("Le code a changé", 2009)

Guionista de múltiples producciones francesas,  entre ellas  clásicos como “Las locas aventuras de Rabbi Jacob” con Louis de Funés (“Les aventures de Rabbi Jacob”, Gérard Oury, 1973), o apuestas más arriesgadas como “La reina Margot” (“La reine Margot”, Patrice Chéreau, 1994), Danièle Thompson dio el salto a la dirección en 1999 con “Cena de Navidad” (“La bûche”).  Muy aficionada a la gastronomía, la incluye como un personaje más en todas sus películas, regalando asimismo una receta al espectador al final de cada cinta. En esta ocasión, la reunión de amigos y la receta final giran en torno a la preparación de un bigos, un guiso polaco emblemático. Dicen que el mejor momento para comer este “estofado del cazador” es después de una excursión invernal por los bosques de Polonia, lo que nos da la medida de lo indigesta que puede llegar a ser esta cena preparada por un matrimonio francés el día en que comienza el verano en París.
Las tragicomedias corales basadas en  reuniones de amigos o familiares son un recurso reiterado en el cine francés, y tenemos un ejemplo reciente en “Pequeñas mentiras sin importancia” (“Les petits mouchoirs”, 2010, Guillaume Canet). El juntar un repertorio acertado de actores suele ser de entrada una solución infalible para enganchar al espectador, y en este caso además juega a favor de la historia la ausencia de pretensiones (muy presentes en el relato de Canet). La directora monegasca nos ayuda a asomarnos a las constantes mentiras que reinan en muchas de nuestras relaciones personales y, a través de las miradas de Henri y Erwann, hombres de su misma edad y pertenecientes también al mundo del cine, observa como la realidad de las nuevas generaciones no ha cambiado nada respecto de las anteriores. Todo el mundo se siente obligado a transmitir bienestar y felicidad, como si lo contrario nos hiciera peor que los demás. Las  infidelidades, el hastío, el fingimiento, la opacidad… siguen gobernando alarmantemente parte de nuestras vidas, y probablemente lo seguirán haciendo mientras el mundo sea mundo. Solo el exceso de vino y el bajar la guardia a una hora avanzada de la velada permiten salir a los demonios de sus escondites.
Los protagonistas de “Cena de amigos” se reúnen todos los años el 21 de junio, día del debut estival y día de la fiesta de la música en París. Esto nos muestra una faceta diferente de la ciudad de la luz y es que, acostumbrados a un París- decorado, descubrimos una ciudad llena de vida callejera, inundada de músicos y de gentío. Y en este contexto de realidad, “Cena de amigos” es un retrato bastante bien llevado de la actualidad emocional de nuestra sociedad. Cabe destacar una curiosidad: la participación de la Medalla de Oro al Mérito de las Bellas Artes 2009, la cineasta y coreógrafa granadina Blanca Li, interpretando a una profesora de flamenco instalada en París.
BIGOS: receta cedida por Roman Polanski
INGREDIENTES
-       chucrut. 750 gramos
-       repollo picado. 400 gramos
-       hongos secos. 50 gramos
-       carne de cerdo sin hueso. 200 gramos
-       ternera sin hueso. 200 gramos
-       panceta ahumada. 100 gramos
-       grasa de cerdo o manteca. 50 gramos
-       cebollas picadas. 2
-       concentrado de tomate. 2 cucharadas
-       azúcar. 1 pizca
-       sal y pimienta negra. A gusto
-       laurel. 1 hoja
-       caldo de carne. 4 o 5 tazas
-       salchicha o rosca polaca (se consigue en fiambrerías). 1
-       chorizo de cerdo. 1
-       ciruelas pasas. 100 gramos
ELABORACIÓN

Enjuagar el chucrut para quitar el exceso de sal, escurrirlo y colocarlo en un bol junto con el repollo picado. Reservar.

Hidratar los hongos en agua caliente 10 minutos y picarlos.

Cortar las carnes y la panceta en cubos y dorarlas en una cacerola con la grasa de cerdo. Sumar la cebolla y rehogar unos minutos más. Incorporar el repollo, el concentrado de tomate, el azúcar, sal, pimienta y el laurel. Mezclar y agregar el caldo.

Cocinar 15 minutos, sumar los hongos, el chorizo y la salchicha en rodajitas, tapar y cocinar 45 minutos. Incorporar las ciruelas y cocinar 30 minutos más.

Lo ideal es prepararlo de un día para el otro para que tome más sabor. Servir caliente.

viernes, 1 de julio de 2011

UN CUENTO CHINO (2010)

Dolor y nobleza. Con esos dos términos define el director porteño Sebastián Borensztein al personaje principal de su última película, Roberto, un hombre amargado que se esconde tras la ficción de su propia rutina. Ricardo Darín encarna a este ferretero misántropo transmitiéndole su inigualable encanto y su mirada, insustituible incluso cuando está a medio ocultar por inmensas bolsas de hastío.

Con un lenguaje sencillo pero muy interesante que es capaz, a través de un solo plano, de girar la imagen 180 para trasladarnos desde China hasta sus antípodas (Argentina) y, atravesando  la puerta de vidrio de un escaparate, introducirnos en el microcosmos de una  ferretería, Borensztein nos narra la vida de un personaje huraño, fiel a sus horarios, que no permite ninguna fisura en su día a día. Recortar sucesos sorprendentes de los periódicos y coleccionarlos es la única actividad de la que se permite disfrutar, regalando al espectador secuencias divertidísimas que rozan el surrealismo. Pero un buen día su vida se ve interrumpida por la aparición de un hombre chino que solo habla chino y que alterará profundamente su tranquilidad. Y ese día, en contra de su voluntad, comenzará el punto de inflexión que dará un giro a su existencia.
Basada en un hecho real tan absurdo como extraordinario, “Un cuento chino” es una historia de solidaridad, pero también de amor. Y es que en la película aparece un tercer personaje fundamental, Mari, una mujer franca y muy bondadosa profundamente enamorada de Roberto. Interpretada magistralmente por Muriel Santa Ana que, deslumbrante en su alegría, ilumina la pantalla, Mari representa la felicidad que le falta al ferretero.

En la película falla el ritmo del desarrollo y sobra la alusión a la guerra de las Malvinas. Y es que la tristeza no necesita de tamaños acontecimientos para ser tristeza, y menos en una película intimista como es esta. Pero “Un cuento chino” es uno de tantos largometrajes que solo los argentinos podrían rodar, vanagloriándose de esa magnífica escuela de actores de la que disfrutan. Y además es una película que otorga al espectador el maravilloso placer de poder sonreír.

martes, 21 de junio de 2011

INSIDE JOB (2010)

“Inside job”, como  su propio nombre indica, es el relato de un delito interno, el delito que cometieron banqueros, ejecutivos y políticos hinchando sus cuentas corrientes de manera astronómica mientras se desmoronaba la economía internacional. Su escandalosa avaricia provocó la peor crisis de la historia después de la Gran Depresión, y millones de personas empezaron a perder sus hogares y sus empleos en 2008, sin que la situación se haya podido solventar a día de hoy. Charles Ferguson, director del documental, hace un trabajo de investigación muy meticuloso y exhaustivo para confeccionar esta obra, y lo hace con rigor y sencillez para llegar a todos los espectadores, muchos de ellos víctimas del desastre.

 Tras habernos desvelado los aspectos más oscuros de la intervención militar en Irak a través de su documental “No end in sight”, Ferguson expone esta vez y de manera muy clara las causas de esta crisis, señalando a sus responsables directos. Con elegancia, pero también con intransigencia, y alejándose de los recursos a veces zafios y sensacionalistas utilizados por el popular Michael Moore, el realizador norteamericano nos describe la ausencia de valores de un grupo de personajes ambiciosos y sin escrúpulos que ha hundido la economía mundial. Estos seres lamentables inmersos en universos absurdos en los que más vale el que más jets privados tiene, son responsables de miles de decisiones alevosamente especulativas que han provocado esta terrible recesión económica. La mayor parte de ellos se negó a ser entrevistado para el documental, atreviéndose solo alguno a dar la cara, quizás por exceso de soberbia. Evidentemente los más osados se vieron vapuleados y ridiculizados ante la cámara, pero qué menos, ya que no han pagado ni pagarán por sus delitos. Y es que ellos mismos  decretaron leyes para autoprotegerse ante una crisis mundial. Y, como era de temer, no solo no están entre rejas sino que el  gobierno más poderoso del mundo, el del presidente Obama, les ha premiado volviendo a otorgarles puestos de gran importancia.

Ganador del Oscar al mejor documental y narrado por Matt Damon, “Inside job” es una obra muy bien estructurada que ilumina al espectador, quien por fin comprenderá las causas del cataclismo que nos rodea. Esto le indignará, pero al menos le quedará el consuelo de ver el rostro de todos los sinvergüenzas responsables, obligándoles como mínimo a sonrojarse. El mensaje queda claro: hay que restaurar el sistema financiero, pero sobre todo el sistema de valores. Y este último es, sin duda, el más complejo de recomponer.

jueves, 9 de junio de 2011

PEQUEÑAS MENTIRAS SIN IMPORTANCIA ("Les petis mouchoirs", 2010)

A pesar de que el alarde técnico y artístico del primer plano de “Pequeñas mentiras sin importancia” es sobresaliente, es cierto que dicho plano-secuencia aumenta en exceso las expectativas del público, quedando éstas finalmente incumplidas. Pero no por ello es menos cierto que la última película del, en este caso, director y guionista francés Guillaume Canet ofrece al espectador elementos interesantes.

Iniciado por un plano-secuencia impresionante que dura varios minutos y presenta a la perfección al personaje y a las circunstancias alrededor de los cuales girará el resto de la historia, el largometraje refiere el periodo estival que pasan juntos, como cada año, un grupo de íntimos amigos. Esta vez, el terrible accidente de moto que sufre uno de ellos, Ludo, marcará su comportamiento y sus vidas durante esta etapa vacacional. La decisión inicial tomada entre todos, salir de viaje a pesar del gravísimo percance sufrido por su inseparable compañero, resulta francamente irritante. Pero Canet consigue, partiendo de ese punto, un buen retrato generacional del grupo, en su mayoría compuesto por individuos de entre treinta y cuarenta años, inmaduros, egoístas y con complejo de Peter Pan. Su estancia en la playa les ayudará, esta vez, a evolucionar y a darse cuenta de sus errores y de sus mezquindades.
Prácticamente todos los actores interpretan de manera muy acertada esta comedia-drama coral en donde, estereotipados con mucha gracia, reconocemos al juerguista, al obsesivo, al maniático o a la hippie. De su convivencia derivarán situaciones realmente divertidas y surgirá la definición de personajes geniales como, por ejemplo, el neurótico de Max, dueño de la casa en la que se alojan,  o su mujer, Véronique  (François Cluzet y Valérie Bonneton).  Estorba, por contra, la profundidad y el dramatismo de secuencias concretas, resultando ser el lenguaje exageradamente lacrimógeno en determinados momentos.

Con una interpretación demasiado intensa de Marion Cotillard, un metraje excesivamente largo (154 min) y un final enormemente melodramático (que produce cierta aversión),  la película cuenta sin embargo con una descripción de caracteres muy bien desarrollada y un elenco de actores que no por nada son la crème de la crème del cine francés actual. Sin duda, a “Pequeñas mentiras sin importancia” le sobra el drama, pero en el terreno de la comedia se generan situaciones y secuencias valiosas que podrían haber sido mejor aprovechadas.

domingo, 5 de junio de 2011

TAMARA DREWE (2010)

 “Tamara Drewe” es la última película del director de cine británico Stephen Frears. Realizador de largometrajes tan dispares como “Las amistades peligrosas” o “Café irlandés”, y adepto a cambiar radicalmente de tema según la obra, su última cinta está basada en la novela gráfica homónima de Posy Simmond (2007). Inspirada a su vez en “Lejos del mundanal ruido” (Far from the madding crowd), narración publicada en 1874 por el novelista y poeta inglés Thomas Hardy, la laureada historieta de Simmond es una crítica mordiente a la Inglaterra contemporánea.  Pero esa acidez y esa energía de la obra gráfica se diluyen en la versión audiovisual mediante mecanismos de suavizado poco interesantes.

Tamara Drewe es una joven periodista que regresa por motivos personales a su pueblo natal. Deslumbrante y demoledora, es un torbellino que pone patas arriba el universo rural de su infancia. La atractiva campiña inglesa es el marco de este intento de fábula que empieza, en el largometraje, con una presentación muy acertada. De hecho, lo mejor de la película es la descripción de la pequeña comunidad rústica y de sus personajes, cuya tranquilidad queda trastornada al aparecer la protagonista. Pero, poco a poco, la intención inicial se desarticula, disgregándose. Toda la fuerza que desprende la silueta trazada a línea de Tamara Drewe en el cómic se disuelve al encarnarse en la actriz británica Gemma Arterton (a pesar de su parecido físico con el dibujo original). Esperando encontrar un personaje arrollador que desate pasiones y cambie drásticamente la vida de su entorno, el espectador se encuentra con un carácter no muy firme y con poca garra (es más intenso lo que cuentan los vecinos sobre ella que lo que representa en realidad). Y aunque Stephen Frears parecía perfecto para trasladar esta historia a la pantalla por su visión irónica de la sociedad británica, no se involucra lo suficiente, perdiendo el sentido del relato y el ritmo de película.

“Una mujer despampanante regresa a su pueblo y lo revoluciona”: el eslogan publicitario de la producción tiene más fuerza que el propio largometraje. Y es que en la cinta de Stephen Frears falla la descripción del personaje principal y falta algo fundamental: en “Tamara Drewe” falta Tamara Drewe.

viernes, 27 de mayo de 2011

MIDNIGHT IN PARIS (2011)

Es cierto que, después de ver las últimas películas de Woody Allen, el espectador salía del cine con sensación de premura. Parecía que el director había rodado con urgencia, con el alocado apremio de un cineasta que quiere acabar una obra para empezar otra. Entre estas últimas entregas había películas más o menos acertadas, pero ninguna a la altura de su mejor cine.  Y lo que no nos esperábamos, o al menos no lo hacía la que suscribe, era volver a encontrarnos con el auténtico Allen.  “Midnight in Paris” es la prueba de que nos equivocábamos. Esta última creación es una nueva genialidad del director norteamericano, lo que nos demuestra que su talento no nos ha abandonado.

La cuadragésima segunda película de Woody Allen es una comedia romántica ambientada en París. La ciudad de la luz, admirablemente retratada, es el escenario por el que pasea Gil, un escritor estadounidense que se busca a sí mismo. Encarnado por un Owen Wilson alto, rubio y guapo que, a pesar de contar con características físicas diametralmente opuestas a las de Woody Allen,  interpreta a la perfección su alter ego (personalidad con la que, definitivamente, espera encontrarse todo espectador que va a ver su cine), Gil es un personaje de una humanidad insolente lleno de filias y fobias, mitómano, ebrio de cultura y alarmado por el mundo que le rodea. Muchos actores se suman al elenco en un teatrillo lleno de sorpresas (Carla Bruni, Adrian Brody, Marion Cotillard, Kurt Fuller, Kathy Bates, Rachel Mcadams, Michael Sheen…), todos ellos muy apropiados en este universo caricaturesco. El ambiente que recrea Woody Allen con ayuda de la directora de arte, Anne Seibel, la figurinista española Sonia Grande y el director de fotografía, Darius Khondji, es deslumbrante.
Trenzada por diálogos muy ingeniosos compuestos por una sucesión inagotable  de chistes hilarantes, la película es una obra deliciosa que reflexiona con muchísimo sentido del humor y no poca trascendencia sobre la naturaleza del ser humano y sus contradicciones. La idea de que cualquier tiempo pasado fue mejor es una trampa permanente para muchos de nosotros, convencidos erróneamente de que el sol siempre brilla en otra parte. La cinta inauguró el festival de Cannes y Thierry Frémaux, delegado general del festival, declaró que la película es una “maravillosa carta de amor a París, afincada en el apego de los franceses a la historia, el arte y el placer de la vida”. Habría que añadir además que “Midnight in Paris” contiene el ritmo y la calidad de las mejores obras de Woody Allen. 

Y solo una cosa más: no olviden que, por muy abracadabrante que pueda parecer una situación, siempre tendrá cabida en una mente surrealista.

miércoles, 18 de mayo de 2011

WINTER'S BONE (2010)

En “Winter’s bone” reina la sobriedad. La frialdad y la austeridad de las imágenes y de los personajes son la clave de una película que se olvida absolutamente del artificio para adentrarse en la verdad del cine independiente. Retratando el Missouri profundo de la meseta de Ozark, esta obra nos describe una Norteamérica desconocida para la mayoría de los europeos.

La directora Debra Granik se basa, para su segundo largometraje y junto a su co- guionista Anne Rosellini, en la novela homónima de Daniel Woodrell, maestro del country noir. Granik llega hasta las entrañas de sus personajes, una comunidad de hillbillies (como se denomina a los habitantes de lugares remotos, zonas rurales o montañosas) bastante marginal y deshumanizada. El retrato de una de estas comunidades, en la que las metanfetaminas causan estragos y los adolescentes corren a alistarse en el ejército para dar de comer a sus familias, es de un realismo social aterrador. Los niños disparan y destripan ardillas para comérselas, enfrentados desde muy pequeños a una vida de adultos con el fin de sobrevivir.

La protagonista Jennifer Lawrence interpreta a Ree Dolly, un personaje magnífico de una madurez y una fortaleza pavorosas. Es imposible exigirle mayor credibilidad a esta joven actriz que emana una autenticidad escalofriante en cada una de las secuencias de la película. Ree es una adolescente a quien las circunstancias de la vida conducen a tener que sacar adelante a sus dos hermanos pequeños y a su madre (esta última  en estado prácticamente catatónico). Hija de un fabricante de drogas, se ve enfrentada al problema de que su padre ha desparecido y si no acude al juzgado (está en libertad condicional) la familia perderá su casa. Para Ree encontrarle se convierte en una cuestión de vida o muerte, y la búsqueda se transformará en una odisea cuajada de múltiples y terribles pruebas a lo largo de la que viajará sola. Luchará hasta la extenuación,  rodeada de adultos desalmados para quienes su edad no será en ningún momento motivo de compasión.

Este drama con tintes negros, que está prodigiosamente fotografiado por Michael McDonough, recibió el gran premio del jurado y el premio al mejor guión en el festival de Sundance (huelga decir que se trata de premios fundamentales para una película independiente). Llegó incluso a la carrera de los Óscars con cuatro nominaciones aunque, como predijo el crítico cinematográfico Javier Ocaña, no recibió ninguno. Y es que, según sus propias palabras, “(Winter’s bone) simplemente no es una historia para mayorías, tiene hueso”. Y desde luego que lo tiene.

martes, 10 de mayo de 2011

NO TENGAS MIEDO (2011)

Dijo la actriz española Charo López en el programa de televisión “Versión española” que hay muchas maneras de hablar de un tema tan truculento como el de los abusos sexuales, y que el resultado puede ser escabroso o espiritual. Desde su punto de vista, “No tengas miedo” es una película espiritual, y yo no he encontrado mejores palabras para definir el último largometraje de Montxo Armendáriz. El director navarro solo necesita de silencios y miradas para sumergirnos en la realidad de un auténtico infierno ignorado por la mayoría de la sociedad, a veces por verdadero desconocimiento, otras por pura comodidad.
Silvia es una joven víctima de abusos que sufre desde muy pequeña. Con la vida destrozada, enferma de humillación y de terribles sentimientos adversos, pide ayuda a gritos a través de sus infinitos síntomas. Pero nadie acude a socorrerla durante años. La joven actriz Michelle Jenner encarna este personaje, dificilísimo, y lo hace con mucha sencillez, con lo arduo que parece lo sencillo en un caso tan complejo. Conmueve al espectador en su lucha por sobrevivir, vagabundeando por las calles con su violonchelo colgado al hombro, con la música como único aliento. Perdida, invadida por la angustia y la tristeza, huye hasta donde puede del horror que reina en su vida.
Con lenguaje sobrio pero inflexible, con secuencias en clave de documental conciliadas con recursos aterradores y mecanismos intimistas, Montxo Armendáriz emplea todas las herramientas necesarias para angustiar al espectador y conducirle hasta la desazón. Pero esta desazón es necesaria para acompañar a Silvia en su sufrimiento y para despertar conciencias. Y el realizador sabe emplearla con elegancia y reflexión transformándola paulatinamente y con mucha delicadeza en esperanza, una esperanza que confía en poder transmitir a todos los que viven o han vivido hundidos en este injusto castigo.

lunes, 2 de mayo de 2011

SIGUEME EL ROLLO ("Just go with it", 2011)

Debido a la avalancha de comedias románticas norteamericanas que han llegado a nuestros cines en las últimas décadas con los mismos recursos argumentales y a veces, incluso, con los mismos actores, este es un género muy castigado recientemente por la cinefilia. Sin duda se trata de películas excesivamente previsibles y,  la mayoría, con poca intención artística. Pero a veces lo previsible se desarrolla con ingenio y la poca intención artística se diluye entre la agilidad de los diálogos y las acertadas interpretaciones de los actores. Y este es el caso de “Sígueme el rollo”.
Basada en la obra teatral escrita por Pierre Barillet y Jean- Pierre Grédy  en 1963, “Fleur de cactus”, en la que una enfermera invisible para el médico con el que trabaja florece inesperadamente de su bata como lo hace la flor del cactus, “Sígueme el rollo” ha sido adaptada al cine en esta ocasión por los guionistas Allan Loeb y Timothy Dowling . A pesar de las transformaciones del argumento en sus múltiples versiones (desde su adaptación en Broadway por Abe Burrows hasta la película dirigida por Gene Saks en 1969, pasando entre otras por la obra teatral dirigida y protagonizada en España por Alberto Closas y Julia Gutiérrez Caba en 1966) y de la degeneración que ha sufrido en esta última adaptación en pro a la introducción de elementos propios de la cultura actual, lo cierto es que “Sigueme el rollo” es una comedia muy divertida en la que la frescura salpica y engancha.  Ristras de mentiras y malentendidos de los que se ríen los propios protagonistas, Jennifer Aniston y Adam Sandler, cómplices de principio a fin, trenzan una película llena de sentido del humor que arremete contra la cirugía estética, los divorcios, el culto al cuerpo… todo ello aderezado por bromas escatológicas y sexuales de lo más pueril pero integradas con mucha gracia. En la película Jennifer Aniston llena la pantalla irradiando naturalidad con una gran vis cómica, y comiéndose, a sus más de cuarenta años, todo lo que aparece a su lado (por muy espectacular que sea la competencia) y  Adam Sandler, siguiendo su línea y sin aportar grandes novedades, construye sin embargo, si no un personaje entrañable, sí un personaje simpático. A la empatía que se genera entre ambos le acompañan unos niños con mucho desparpajo y un físico muy pintoresco, una estupenda Brooklyn Decker que alegra la vista a quién sea susceptible de ello, una Nicole Kidman que sorprende positivamente en su pequeño papel de mujer ridícula y unos cuantos personajes esperpénticos bastante graciosos.
“Sigueme el rollo” no es una gran película, pero sí una comedia acertada en la que los diálogos y las interpretaciones de los actores, bajo la dirección de Denis Dugan, forman un conjunto  muy divertido que invita al espectador a seguir el rollo.

martes, 19 de abril de 2011

NATURALEZA MUERTA (“Sanxia haoren”, 2006)

La obsesión del director chino Jia Zhang- Ke por las recientes transformaciones que está sufriendo su país es el leitmotiv de toda su obra, y su película “Naturaleza muerta” no es una excepción. El realizador lucha por alejarse del cine de propaganda  para poder retratar la realidad de una China que se divide entre un pasado que se desmorona y un futuro que no termina de llegar.
Localizada en  Fengjie, una aldea que desapareció bajo las aguas tras la construcción de la presa de las Tres Gargantas, la historia relata la vida de dos personajes, un hombre y una mujer, que buscan a sus respectivos cónyuges desaparecidos hace años. Yendo de lo individual a lo global, la película refleja una sociedad engullida por los cambios provocados por las reformas económicas, cambios que no está preparada para asumir. Con  ritmo de fluir de la vida y plasticidad de documental, Jia Zhang- Ke describe un mundo que se derrumba alrededor de seres frágiles y desamparados forzados a caminar hacia una modernidad de la que lo único que conocen es el desconcierto. Drama sereno de una belleza infinita, nos hace testigos de vidas sin atisbo de felicidad cuyo único objetivo es recorrer un tortuoso camino para sobrevivir, concepto casi olvidado en la mayoría de las sociedades occidentales.
Galardonada con el león de oro de la Mostra de Venecia de 2006, “Naturaleza muerta” incluye entre sus imágenes elementos fantásticos que pretenden subrayar, según dice el propio director, la irrealidad en la que parece inmersa China, con sus paisajes desoladores y sus constantes demoliciones. Este realizador de la sexta generación de directores chinos desarrolla un trabajo independiente en un marco imposible y cuenta con varias películas prohibidas por las autoridades  y otras distribuidas restringidamente. Naturaleza muerta” fue la única película  suya que llegó a los circuitos comerciales españoles, ninguna otra ha llegado a nuestras pantallas. Todo esto no ha impedido, sin embargo, a Jia Zhang- Ke contar con una obra cinematográfica brillante.

miércoles, 13 de abril de 2011

LA MITAD DE ÓSCAR (2010)

“La mitad de Óscar” es la historia de un hombre roto por dentro. Roto por la ausencia, por la soledad, por el recuerdo. Roto porque le falta su otra mitad: su hermana María. Y eso le lleva a  refugiarse en la rutina diaria y en el silencio de una Almería desoladora en la que solo se escuchan el viento, el mar y las extractoras de sal.
Óscar es un personaje muy humano que esconde una gran complejidad. Muy bien definido, camina solo por un mundo casi desértico sin apenas hablar y con un gran peso sobre sus espaldas. Encarnado por Rodrigo Saenz de Heredia que llena el personaje de infinitos matices en una interpretación muy ardua, Óscar es un personaje cercano pero lejano, conmovedor y aterrador. Es protagonista de una historia escrita concienzudamente por Manuel Martín Cuenca y Alejandro Hernández, una historia llena de tristeza, frustración, sentimientos contenidos y dolor.
La película se desarrolla a partir de un elenco de actores acertadísimo que interpreta a la perfección personajes construidos muy minuciosamente. Todos parecen avanzar libremente, siguiendo sus propios pasos, lo que les lleva a componer una película muy bien resuelta y maravillosamente fotografiada por Rafael de la Uz.
Escaparate de un lenguaje muy elaborado, “La mitad de Óscar” es, sin duda alguna, y tras “La flaqueza del bolchevique” y “Malas temporadas”, la película de ficción más personal y redonda de Manuel Martín Cuenca. El director encuentra la madurez de su estilo narrativo casi en silencio, sin música, transmitiendo de modo muy profundo y poético lo que vive en el alma de sus personajes.

martes, 5 de abril de 2011

MISTERIOS DE LISBOA ("Mysteries of Lisbon", 2010)

Raoul Ruiz no es un cineasta cualquiera. Nacido en Chile en 1941 y considerado uno de los mejores cineastas latinoamericanos de la historia, se trasladó a Francia en 1974 donde se convirtió en una gran figura de la vanguardia cinematográfica parisina. Con innumerables éxitos y premios en su filmografía,  la importantísima revista francesa Cahiers du Cinéma le dedicó un número entero en 1983, hecho bastante extraordinario.
“Misterios de Lisboa”, su última obra, es uno de los rascacielos del celuloide (como la hubiera descrito el crítico cinematográfico Guillermo Cabrera Infante). Cuatro horas y media de metraje adaptan la novela homónima publicada en 1854 por el escritor Camilo Castelo Branco, uno de los autores más representativos de la literatura portuguesa de todos los tiempos y uno de los más leídos. Esta, su primera obra,  se inscribe dentro del Romanticismo, concretamente en la segunda fase del Romanticismo portugués, llamado Ultra-Romanticismo, lo que nos da la medida de la línea argumental de la novela, y por lo tanto, de la película.
Teniendo en cuenta que la participación afectiva del espectador es fundamental a la hora de valorar un largometraje, resulta complicado sentir empatía por un melodrama decimonónico en el que el amor fatal desencadena auténticas tragedias arrastrando a los personajes a desmayos, duelos, asesinatos, autocastigos y muertes, todo ello rodeado de bastardía y orfandad a diestro y siniestro.
 No es que el amor en grado superlativo no sea verosímil. En 2009 la directora neozelandesa Jane Campion rodó “Bright Star”, película en la que narra la historia del amor desgarrador sentido por la joven Fanny Bawne hacia el poeta romántico del siglo XIX John Keats. En este caso, una obra maravillosamente compuesta permite al espectador sumergirse en el romance y participar de los arrebatadores sentimientos de sus protagonistas. Pero “Misterios de Lisboa”  no fluye de la misma manera. La trama es, de entrada, excesivamente complicada, con un encadenado de historias que entrelazan las vidas de demasiados personajes de forma irregular. El guión pierde el ritmo y las  reacciones de los intérpretes son tan teatrales  que rozan la pantomima. Cierto es que la ironía es una de las constantes de Raoul Ruiz, y hay algo de ironía en la película, pero no la suficiente. Y cierto es que el rodaje tiene momentos acertados, aunque con algunas carencias visuales a pesar de lo maravilloso de las localizaciones palaciegas (sillones y baúles que se repiten, paredes desconchadas o agrietadas en un tiempo en el que no tendrían por qué estarlo...), carencias muy habituales, desgraciadamente, en productos televisivos de la península ibérica (“Misterios de Lisboa” estaba inicialmente destinada a este fin).  
No obstante, siguen admirando planificaciones virtuosas de su director, con planos secuencia maestros. Y también sorprende en la película el final, un final abierto que, en este contexto, llama la atención por su modernidad.

Sea como fuere, es muy interesante transmitir la cultura popular y dar a conocer una figura como Camilo Castelo Branco al público. Pero quizás no tenga sentido adaptar literalmente al cine una obra como ”Misterios de Lisboa”. Y a pesar de que, con este largometraje, Raoul Ruiz ganó en 2010 la Concha de plata al Mejor Director en el Festival Internacional de Cine de San Sebastián, y de su incuestionable perfeccionismo técnico, resulta bastante inevitable pensar que este premio es más un homenaje a su figura que una distinción por su trabajo en esta película. Y es que "Misterios de Lisboa" no es una obra que, por sus características, merezca ser destacada.

domingo, 27 de marzo de 2011

NUNCA ME ABANDONES ("Never let me go", 2011)


 “Nunca me abandones”, basada en la novela homónima del japonés nacionalizado británico Kazuo Ishiguro , pretende ser una combinación de intimismo y ciencia ficción sumamente compleja. Pero a pesar de su gran lirismo estético, los mecanismos empleados para narrar la historia la convierten en una película inverosímil de principio a fin. La trama sobre ingeniería genética flota en innumerables lagunas y el triángulo amoroso de los tres protagonistas resulta excesivamente forzado y, a ratos, incomprensible. No cabe duda, a pesar de todo, de que son emocionantes determinados momentos, como la secuencia en la que un joven desesperado busca que le lean el alma a través de sus dibujos. Pero, en general, el resultado es pretencioso y de ritmo monótono, dejando al espectador frío y alejándole de los personajes. Personajes, eso sí, que están encarnados en su mayoría por buenos intérpretes (a destacar Carey Mulligan en el papel de Kathy H.).
Pretendiendo cuestionar la ética de la manipulación genética a la par que analizar los sentimientos humanos, el director hace una apuesta difícil y pierde. Nos queda un montaje de imágenes hermosas bajo una elegante banda sonora compuesta por la siempre acertada Rachel Portman. Un conjunto bello, lo que no es nada desdeñable, pero sin esencia, sin entrañas… "Nunca me abandones" es un largometraje que resulta aséptico y con  poco interés.